Stalin y sus maquinaciones
* Por Tim Rees
Cualquier posible ambigüedad en el título de este libro se resuelve rápidamente en la introducción. Stalin no es alguien que fue maldecido, sino que él fue la maldición. El tema principal que explora Robert Gellately —quizá más conocido como historiador de la Alemania nazi— es la expansión de una forma estalinizada de comunismo fuera de las fronteras de la Unión Soviética durante y después de la Segunda Guerra Mundial. Un tema de tal envergadura da lugar a un libro igualmente grande. Veintiún capítulos se organizan en tres secciones que trazan la creación de un “Imperio Rojo”, desde la transformación del poder soviético provocada por la guerra, pasando por el inicio de la Guerra Fría y la expansión del régimen comunista, hasta la muerte de Stalin en 1953. Europa es el foco principal, con referencias a otras regiones que aparecen ocasionalmente antes de un capítulo entero dedicado al Asia de posguerra (Corea, Vietnam y China). El libro usa ampliamente fuentes primarias, aunque estas se encuentran a menudo en colecciones impresas o digitales, y se basa en la literatura reciente sobre el tema en varios idiomas.
Aunque el autor es cuidadoso al señalar que “el estalinismo fue más que terrorismo” y que “este libro no es una biografía de Stalin”, el régimen soviético se define aquí, en efecto, como un sistema de gobierno personalista llevado a cabo mediante medios violentamente represivos. Los dos primeros capítulos sirven para contextualizar el resto del libro, centrándose en el ascenso de Stalin al poder supremo y el giro hacia el Gran Terror a finales de la década de 1930. Stalin se presenta como alguien que conservaba, al menos en su propia mente, un ideal revolucionario del comunismo. Su papel central en la dirección de la política soviética, según esta visión, se reitera constantemente, sin restar importancia a los roles de otros actores ni a las circunstancias. El autor también sugiere un compromiso personal por parte de Stalin con el uso de la fuerza extrema como herramienta necesaria y justificada para la creación del comunismo. Sin duda, el recurso a la violencia es un tema recurrente en el libro, ya sea que se empleara contra opositores internos en la Unión Soviética o se utilizara despiadadamente para consolidar el dominio comunista en otros lugares.
El libro complementa otros estudios recientes sobre Stalin como líder de guerra, en particular Las guerras de Stalin. De la segunda Guerra Mundial a la Guerra Fría, 1939–1953 (2006; HRM ediciones, 2022) de Geoffrey Roberts, con su foco en los aspectos políticos más amplios, en lugar de los militares, de este período transformador en el ámbito del poder soviético. Su perspectiva es también una muy soviética, con otros Estados y movimientos comunistas examinados ampliamente según las políticas e intenciones de Stalin y sus colaboradores cercanos. Esto se observa especialmente en las secciones que abarcan la creación de regímenes comunistas en Europa del Este y las relaciones con los comunistas occidentales. Sin embargo, los principales desarrollos de la expansión soviética bajo Stalin se abordan con gran claridad y se analizan de manera incisiva. Algunos de los capítulos más interesantes se ocupan del período inmediatamente posterior a la guerra, en el que se desvanecieron las esperanzas de los ciudadanos soviéticos de que el régimen pudiera tomar un nuevo rumbo. En cambio, Stalin reafirmó los puntos esenciales de la ideología comunista tal como él los veía y aprovechó la oportunidad para exportar el gobierno estilo soviético más allá de las fronteras de la Unión Soviética. Un breve epílogo examina las desastrosas consecuencias y las debilidades a largo plazo del sistema soviético que resultaron de este brutal expansionismo.
El autor intenta resolver algunos debates de larga data, aunque es discutible hasta qué punto lo logra. Por ejemplo, se reafirma la responsabilidad última de Stalin por la Guerra Fría. También argumenta vigorosamente que, a pesar de los rechazos y algunas oportunidades perdidas, Stalin siempre tuvo la intención de extender el dominio soviético mucho más allá de la simple recuperación de los territorios “perdidos” en el Báltico y Ucrania. Sin embargo, los argumentos presentados no son particularmente novedosos y no está claro que las nuevas pruebas procedentes de fuentes soviéticas aporten algo de mucha sustancia. A pesar de esta sensación de terreno familiar, el libro narra con elocuencia la historia de la asombrosa transformación en la fortuna global del régimen comunista tras una guerra devastadora, y el papel central de Stalin en este proceso.
Artículo aparecido en The English Historical Review 542 (2015). Se traduce con autorización de su autora. Traducción: Patricio Tapia

“La maldición de Stalin”. Robert Gellately. (Trad. G. García y C. Belza). Editorial Pasado y Presente, Barcelona, 2020, 622 pp.
* Tim Rees es profesor en la Universidad de Exeter. Es autor y editor de libros y artículos sobre la historia del Partido Comunista Español, la revolución y el movimiento comunista internacional entre las dos guerras mundiales.
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